SAN MARTIÑO DE MONDOÑEDO - DATOS PRACTICOS

Como llegar :San Martiño de Mondoñedo se encuentra en la comarca de la Marina de Lugo, a 5 kilómetros de Foz, en la parroquía de San Martín. Cualquiera que sea nuestra procedencia, inevitablemente deberemos tomar la A-8 o autovía del Cantábrico, ya sea procedentes de Baamonde y Villalba o de Ribadeo y Luarca. La abandonaremos en el desvío señalizado de Foz, localidad a la que llegaremos por la N-642 en siete kilómetros. Antes de entrar en la villa, una carretera local serpentea por un bosque de eucaliptos hasta darnos de bruces con el ábside de la iglesia.

Horario:De 10:00 a 13:00 horas y de 16:00 a 20:00, cerrado los lunes.

Tipo de enclave: Románico - Información adicional:

http://www.arquivoltas.com/11-Galicia/01-Mondonedo.htm

Provincia: Lugo - Otros enclaves en la misma provincia: Santa Eulalia de Bóveda - O Cebreiro

SAN MARTIÑO DE MONDOÑEDO - - La Primera Catedral de Hispania

 

“Nacido en Panonia, atravesando los anchos mares y movido por impulso divino, llegué a esta tierra gallega, que me acogió en su seno...” San Martín Dumiense

En los montes de Foz y Mondoñedo la niebla es la reina y la lluvia su eterna compañía casi durante todo el año. Los días claros y luminosos son más escasos si cabe que en el resto de Galicia, y por la orografía, toda la comarca ha vivido siempre más pendiente de lo que traía el poderoso mar Cantábrico, que de las noticias del interior de la Península. Fue así como un  pequeño grupo de cristianos bretones, presionados por los avances de pictos, anglos y sajones, huyeron de las islas Británicas para asentarse en la Bretaña armoricana (Francia) y en la antigua provincia romana de la Gallaecia. Aquí fundaron en el siglo V una sede episcopal que llamaron Britonia, y que estaba situada cerca de la actual localidad de Mondoñedo. A 5 kilómetros de Foz, había por entonces una aldea llamada Mendunieto donde estos cristianos celtas fundaron el Monasterium Maxime allá por el año 560 d.C. en el mismo lugar donde anteriormente se levantaba un templo romano dedicado a las Lumias o divinidades acuáticas, a propósito de un manantial de propiedades curativas que allí existía.

Con la invasión musulmana la antigua Britonia de los suevos fue arrasada, y no fue hasta el año 867 cuando el rey Alfonso III de Asturias decide que es el momento de restaurar la diócesis, pero esta vez en el enclave donde hoy podemos admirar el templo románico de San Martiño. En el año 925 el obispo San Rosendo consagra la primera catedral de Mendunieto, convirtiéndose así en la más antigua de Hispania.

El edificio que vemos hoy es un magnífico ejemplar de Románico, con muchos añadidos posteriores, que fue levantado por el obispo Gonzalo hacia el año 1100 de la Era Cristiana. Este San Gonzalo debió ser un personaje de gran resolución y determinación en su época, pues se cuenta de él que obró el milagro de destruir la flota normanda que pretendía asolar estas costas. La leyenda cuenta que Gonzalo, de edad avanzada, condujo al pueblo a lo alto de un monte para alejarlo de los saqueadores; sin embargo, vencido por el cansancio, se veía obligado a parar cada poco tiempo,  hincándose de rodillas en el suelo y orando mientras se apoyaba en la Cruz. Encomendándose a Dios, cada vez que repetía este gesto las naves enemigas eran engullidas por la furia del mar una tras otra. Cuando apenas quedaban unos pocos barcos desarmados, los dejó marchar para que diesen noticia de aquel terrible castigo y no volviesen en el futuro. Este Milagro de las Naves se rememora cada año con una romería que se celebra a finales de mayo o principios de junio, donde las gentes de la región recuerdan la figura de Gonzalo, el llamado “Obispo Santo”.
  San Martiño dejó de ser catedral en el siglo XII, trasladándose la diócesis a Mondoñedo, pero de forma igualmente milagrosa ha llegado hasta nosotros en bastante buen estado. Al exterior se aprecian claramente las tres naves, la planta basilical, y los tres ábsides con esos curiosos arquillos ciegos en la cornisa que la emparentan con el Románico lombardo catalán. Se conservan algunos restos del templo prerrománico construido por San Rosendo en el siglo X, en los muros laterales, donde aún se aprecia una portada con arco de herradura y algunas columnas. La portada oeste es sin duda la más interesante, cuenta con un agnus dei y un crismón del tipo navarro, que es único en Galicia, junto con el de Compostela.
  Pero quizás sea el interior donde San Martiño ofrece al visitante atento una lección de profundo simbolismo. Un anónimo maestro dejo muestras de bellísima escultura románica en los capiteles, de un aspecto muy primitivo, pero de buena talla, como el que representa el banquete del rico Epulón o el de la muerte de Juan el Bautista. En el muro sur se encuentra el mejor de todos ellos, una representación del Pecado Original donde Adán y Eva son devorados por dos monstruos que no sabemos si son leones o caballos, cuyos rabos acaban en una cruz ansata (¿simbolismo egipcio?) y en una flor de seis pétalos. Difícil expresar mejor la redención del hombre, y el proceso de muerte y resurrección a qué debe someterse el cristianismo para llegar a Cristo. En el ábside central podemos admirar un antipendio o frontal de altar cuya interpretación sigue siendo motivo de discrepancias; nosotros preferimos quedarnos con la simbólica de Jaime Cobreros que apunta a las dos vías de iniciación del hombre en su camino hacia la Unidad con Dios, la vía mística del Amor Total y la ascética espiritual. Más allá de la conclusión que pueda sacar cada uno, resulta incuestionable el atractivo que genera la composición y la maestría del autor para expresar un mensaje tan complejo con sólo unas pocas figuras. Recientemente se han descubierto también unas valiosas pinturas murales en la capilla del ábside derecho, del siglo XII, que constituyen un conjunto único dentro de Galicia y que merecen un repaso tranquilo y detallado.

El viajero abandona la vetusta diócesis de Britonia con la sensación de haberse trasladado en el espacio y en el tiempo, de haber viajado a una época donde no se podía diferenciar entre los cultos cristianos, celtas y romanos, y donde el misterio sigue ocultándose en las espesas brumas de la Mariña Lucense.  

Alfredo Orte Sánchez ©