VILLALCAZAR DE SIRGA - DATOS PRACTICOS

Como llegar: Villalcazar de Sirga se encuentra en la comarca de Tierra de Campos. Desde Palencia es preciso tomar la A-67 o Autovia de la Meseta hasta Frómista, otro enclave imprescindible del Camino jacobeo. Aquí nos desvíamos por la P-980 que en poco más de 13 kilómetros de pura recta nos lleva a Villalcazar en muy poco tiempo.

Horario: Mayo a Septiembre, de lunes a viernes: de 10,30 a 13,30h. y de 17 a 20h. Resto del año, sábados y domingos de 12 a 14 y de 17 a 18h. No se visita en horas de culto.

Tipo de enclave: Románico-Gótico - Información adicional:http://es.wikipedia.org/wiki/Iglesia_de_Santa_Mar%C3%ADa_la_Blanca_(Villalc%C3%A1zar_de_Sirga)

Provincia: Palencia - Otros enclaves en la misma provincia: -

VILLALCAZAR DE SIRGA - - La Catedral de los Templarios

 

“Sabor á Santa Maria, de que Deus por nos foi nado,
que seu nome pelas terras seja sempre nomeado”
Cantigas de Santa María (Alfonso X)

Las interminables llanuras de la Tierra de Campos pueden parecer un paisaje monótono y aburrido, poco expuesto a las sorpresas para el viajero. Sin embargo, a poco que nos perdamos por esta comarca de Palencia descubriremos enclaves llenos de misterios, que aún hoy siguen dejándonos perplejos. Villalcazar de Sirga es una pequeña población de apenas 200 habitantes surgida alrededor de una impresionante iglesia gótica con dimensiones de catedral. Santa María fue una de las principales plazas templarias en el Reino de Castilla, y cómo no podía ser de otra forma, se encuentra repleta de claves esotéricas y simbólicas, relacionadas con los Pobres Caballeros de Cristo. Pero además Villalcazar contó con la especial predilección de los reyes castellano-leoneses, que la colmaron de privilegios y donaciones durante los siglos XIII y XIV. En una capilla lateral se conserva la talla de la Virgen que sirvió de inspiración a Alfonso X para la confección de doce de sus famosas Cantigas de Santa María, surgidas en el ambiente de fomento de las artes, la cultura y el amor cortes del Rey Sabio. También Sancho IV peregrinó en numerosas ocasiones para ver a Nuestra Señora de Villasirga, de la que era gran devoto, y por lo que podemos contemplar en el interior, no se trataba de expresiones piadosas aisladas.  

 

Las más evidentes las encontramos en el lado sur del crucero, donde aparecen dos bellísimos sepulcros góticos, pertenecientes al infante Felipe de Castilla y Suabía y su esposa Inés Rodríguez. Este hermano de Alfonso X el Sabio es el mismo que había contraído primeras nupcias con Cristina de Noruega, la princesa venida del norte que murió de pena y melancolía añorando a su tierra y que hoy yace en la colegiata de Covarrubias. En los tiempos que corren, la mayor parte de los viajeros llegan hasta aquí atraídos por las leyendas y enigmas templarias del templo. La primera incógnita que surge es el propio emplazamiento de la iglesia; para los maestros medievales, el lugar donde se levantaba una ermita, una parroquia o una catedral estaba determinado por la interacción de las energías telúricas con las celestiales. Especialmente evidentes se hacen estas energías, llamadas por los antiguos wouivres,  en las construcciones levantadas por los templarios. En palabras de Louis Charpentier, “Wouivre es el nombre que nuestros antepasados daban a la par, a las serpientes que se deslizan por el suelo_y, por extensión imitativa, a los ríos que “serpentean” […], y a corrientes que recorren la tierra, que serpentean bajo el suelo”. Según algunos estudios recientes en Villalcazar varias corrientes de agua subterránea confluyen en el crucero y en la cabecera del templo, y es altamente probable que esta circunstancia formase parte de un plan premeditado en el inicio de la construcción.

 


  Pero por encima de todo, en Santa María destaca su magnífica escultura, a caballo entre el Románico y el Gótico, y donde el simbolismo está siempre muy presente. Una curiosa leyenda nos asegura que en la impresionante portada meridional se esconde el misterio del oculto tesoro de los Templarios. Para desentrañar el misterio, debemos esperar al día del equinoccio de primavera. En ese día, el iniciado debe fijar su atención en el toro que figura junto al Pantocrator del friso de la portada, y golpearlo. Las bocas de las dos cabezas o máscaras que aparecen en el mismo friso, nos indicarán el lugar exacto del tesoro. Esta tradición se debe interpretar en un sentido totalmente figurado, en relación al sentido esotérico de los motivos aludidos, aunque no faltan quienes piensan que en el subsuelo de la iglesia puedan encontrarse algunas sorpresas. Las máscaras a las que se refiere la leyenda dejan escapar por la boca unos tallos que germinan en una flor o en un fruto, lo que está relacionado con el renacimiento espiritual, la muerte y la resurrección del Espíritu del hombre. En el interior de la iglesia podemos encontrar decenas de capiteles con motivos simbólicos que van en la misma línea, aunque por desgracia para el viajero, algunos se encuentran demasiado elevados como para poder apreciar todos sus detalles (convendría mejorar la iluminación artificial) Mucho más accesible es la tumba de frey Juan Pérez, el último de los maestres templarios de Villasirga, y que a diferencia de los sepulcros reales prefirió ser enterrado en un mausoleo sencillo, manteniendo las costumbres de la Orden.
  Tampoco podemos pasar por alto el papel jacobeo que jugaba Villalcazar. Su propio apellido –sirga- hace alusión al camino por el tantos peregrinos pasaban y que se acercaban a orar ante la imagen de Nuestra Señora. En una ocasión, la Virgen impidió que un pecador de origen francés penetrase en el templo, y aún ayudado por diez caballeros con todas sus fuerzas, no consiguió traspasar el umbral hasta no haberse arrepentido de sus pecados y haber hecho propósito de enmienda. Y aún hoy, miles de peregrinos saben que tienen una cita obligada en esta iglesia, que constituye uno de los enclaves más fascinantes y enigmáticos del Camino de Santiago. 

 

Alfredo Orte Sánchez ©