CASTILLO DE TRASMOZ- DATOS PRACTICOS

Como llegar: Trasmoz se encuentra en la comarca del Moncayo, al noroeste de la provincia de Zaragoza. Su principal acceso lo tiene por la N-122, antes de llegar a Tarazona, tomando el desvío en dirección a Vera de Moncayo, y desde esta localidad la carretera local que conduce a Trasmoz en apenas a un par de kilómetros. El castillo se encuentra en la parte alta del pueblo, pudiendo dejar el coche a las puertas del cementerio que se encuentra a sus pies.

Horario: Actualmente el castillo acoge el centro de interpretación de la torre del homenaje, y en un futuro contará con el desaparecido museo de la brujería que cerró en 2010. En verano abre los sábados, domingos y festivos de 11 a 14 y de 16 a 20. Resto del tiempo previa petición de hora (976646471).

Tipo de enclave: Otros - Información adicional: Página de Arquivoltas sobre el castillo

Provincia: Zaragoza - Otros enclaves en la misma provincia: Santuario de Segeda

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CASTILLO DE TRASMOZ - - El Hechizo de las Brujas

 

“Los sábados, después de que la campana de la iglesia dejaba oír el toque de las ánimas, unas sonando panderos, y otras, añafiles y castañuelas, y todas a caballo sobre escobas, los habitantes de Trasmoz veían pasar una banda de viejas, espesas como las grullas, que iban a celebrar sus endiablados ritos a la sombra de los muros de la ruinosa atalaya que corona la cumbre del monte” Gustavo Adolfo Bécquer

El Castillo de Trasmoz es la fortaleza que mayor número de leyendas y magia acumula en todo Aragón. Probablemente buena parte de culpa de su fama la tenga el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer, que durante su estancia en el monasterio de Veruela, recopiló algunas de las oscuras historias que se contaban en la comarca, hasta el punto de eclipsar su prolífico pasado medieval. Lo que hoy vemos responde a la fábrica del siglo XII, cuando su posición fronteriza le hace ser objeto de disputas entre los reinos de Navarra y Aragón, siendo recuperado para está última por el rey Alfonso II. En el siglo XV fue cabeza del Señorío de Trasmoz que dominaba toda la comarca. Con el fin de la reconquista y la unión de Castilla y Aragón el castillo perdió su importancia estratégica, abandonándose y entrando en estado de ruina en el siglo XVI, un estado que desgraciadamente no ha mejorado desde entonces. Consta de una esbelta torre del homenaje de cuatro plantas, rodeada de un cinturón hexagonal de murallas en bastante peor estado, con escasos tramos almenados.

Probablemente el ya deplorable estado que encontró Bécquer en el siglo XIX era el escenario perfecto para dar acogida a un folcklore que sitúo en Trasmoz buena parte de la religiosidad popular del pueblo. Afortunadamente la torre del homenaje ha sido restaurada, y en breve podrá acoger un centro de interpretación de la fortaleza y quizás, el museo de la brujería que ha cerrado hace poco tiempo en el pueblo.

Dice la leyenda que el castillo fue construido por el mago Mutamín, que tras pacto con el diablo, levantó sus muros en una sola noche. Más realista es la historia que atribuye al sacristán de Tarazona Blasco Pérez la fabricación de moneda falsa entre sus muros, y para protegerse de las miradas curiosas, divulgo todo tipo de historias terroríficas sobre encantamientos y brujas. No obstante, está bien documentada la historia de varias brujas que habitaron el pueblo, mujeres que maldecían, y echaban mal de ojo, a quienes se les atribuían las desgracias en las cosechas, plagas y enfermedades. La más famosa, quizá por ser la última de la que se tienen noticias, fue la Tía Casca que fue despeñada por el pueblo en el año 1850 acusada de brujería. Se decía de ella que tenía el cabello enmarañado a jirones, y se le enroscaba alrededor del rostro. Bécquer aseguraba, en la misma carta, que el barranco donde fue arrojada estaba hechizado y convenía no seguir la senda que conducía hasta él pues su alma erraba en pena y no era querida ni por Dios ni por el Diablo. Antes de este episodio el poeta andaluz confirma la celebración en el castillo de Trasmoz de conciliábulos de brujas, preferentemente  los sábados de madrugada se reunían para volar con sus escobas y prácticas ritos perversos. La imaginación popular no tenía límites, y se decía de ellas que sacrificaban a niños recién nacidos para prolongar su jovialidad y retrasar su envejecimiento, o que disfrutaban provocando tormentas, esterilizando jóvenes parejas o anegando los campos de langostas. Otra curiosa historia recogida en la octava carta de Veruela, nos cuenta el intento del párroco Mosén Gil el limosnero de exorcizar el lugar y así expulsar a las brujas de Trasmoz, y que por desgracia no fructificó por la respuesta de estas a través de los encantos de su sobrina Dorotea, también bruja. En tiempos aún más recientes se habla de la existencia de otra bruja llamada Galga, y de su hija, de la que incluso se conserva una fotografía que podía verse en el clausurado museo de la brujería.

Actualmente la fortaleza de Trasmoz permanece cerrada, a la espera de una necesaria restauración que no llega, y que se hace del todo necesaria. No obstante merece la pena acercarse hasta sus muros, atravesando todo el pueblo y dejar el coche junto al cementerio. En la puerta del camposanto se colocó una placa en recuerdo de Bécquer, que con su visión romántica y nostálgica gustaba tanto de estos lugares cercanos a la muerte: "En estos escondidos rincones, último albergue de los ignorados campesinos, hay una profunda calma. Nadie turba su santo recogimiento, y después de envolverse en su ligero capa de tierra, sin tener siquiera el peso de una losa, deben de dormir mejor y más sosegado”. En la noche de Todos los Santos los vecinos del pueblo han recuperado una vieja tradición, “la luz de las ánimas”; se trata de una procesión donde niños y mayores portan calabazas con velas encendidas y recorren el camino entre la iglesia y el cementerio para guiar las almas de los difuntos y no propiciar su olvido.En el camino de subida al castillo se ha colocado además una escultura conmemorativa del escritor, pensativo, mirando al pueblo y al horizonte. Probablemente esperando a sus brujas, eternamente hechizado por sus embrujos, en un lugar donde la magia entra a borbotones...

Alfredo Orte Sánchez ©