EL SANTO ALTO REY- DATOS PRACTICOS

Como llegar: La montaña del Santo Alto Rey se encuentra en el norte de la provincia de Guadalajara, en un rincón remoto de la sierra de Ayllón. La ruta que proponemos parte de la carretera GU-137, a dos kilómetros del pueblo de Gascueña de Bornova. Llegamos a esta pequeña población desde Guadalajara por la A-2 y luego por la carretera comarcal CM-1001, pasando Humanes y Cogolludo hasta Hiendelaencina. Aquí nos desvíamos a la derecha por una carretera local mucho más estrecha y revirada, en dirección a Villares de Jadraque y a tres kilómetros nuevo giro a la derecha en dirección a Gascueña. Pasado el desvío de acceso a esta población continuamos hacia Prádena de Atienza unos dos kilómetros hasta alcanzar una cerrada curva a la derecha. Unos 200 metros después encontraremos una pequeña gravera junto a la carretera donde podremos dejar nuestro vehículo.

Horario: La ermita está cerrada por una verja todo el año, excepto el día de la romeria del Alto Rey (primer sábado de septiembre).

Tipo de enclave: Santuario Precristiano - Información adicional: El Santo Alto Rey en Iberia Mágica

Provincia: Guadalajara - Otros enclaves en la misma provincia: Nuestra Señora de la Hoz - Cívica - Castillo de Riba de Santiuste - Cueva de los Moros - Monasterio de Bonaval - Hundido de Armallones - Cueva de los Casares

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EL SANTO ALTO REY - -La Montaña del Silencio

 

“Nada fortifica tanto las almas como el silencio; que es como una oración íntima en que ofrecemos a Dios nuestras tristezas.” Jacinto Benavente.

Por su naturaleza las montañas constituyen el reino del silencio. Pero algunas de ellas, no esencialmente por su altura, sino por encontrarse más apartadas del mundo que el resto parecen reivindicar su corona en este apartado. El Santo Alto Rey es sin duda una de estas cumbres, que además está impregnada de tal acumulación de leyendas y mitos que su ascensión parece casi una profanación para el montañero. Su visión en la lejanía, desgraciadamente reconocible por algunas antenas de telecomunicaciones instaladas en los últimos años, explica su condición sagrada desde tiempos remotos. No exageramos si decimos que es una de las montañas más bellas que recordamos, a pesar de su modesta altitud (1860 metros). La primera noticia que tenemos de ella data del año 1197, cuando en un edicto episcopal se exime del pago de algunos impuestos al monasterio de Santa Columba, ubicado en Albendiego, y se menciona a la ermita del Alto Rey a la que se ofrecían limosnas. En la cumbre del Alto Rey aún se puede admirar esta sencilla ermita, aunque la fábrica que hoy vemos es en su mayoría no es Románica, sino del siglo XVIII.

No obstante la complicada construcción de un iglesia en tan áspero paraje, y la extraña advocación del templo, ha llevado a pensar a muchos expertos que anteriormente existía aquí un templo precristiano, un santuario erigido para consagrar una montaña donde moraban los dioses. Ejemplos de montañas sagradas no faltan en nuestro país, aunque ciertamente el del Santo Alto Rey es uno de los paradigmáticos ejemplos de cristianización de un enclave pagano montañoso. Nos recuerda inevitablemente a otras cumbres sacralizadas, como La Aquiana en León, o Tentudía en Badajoz.

  Su increíble ubicación ha motivado numerosas hipótesis para explicar sus orígenes; existe una tradición que atribuye la ermita del Santo Alto Rey a los monjes templarios. Fue Pascual Madoz el primero en mencionar la relación de Albendiego con los pobres caballeros de Cristo en 1845: "Se cree que esta abadía se fundó con las haciendas que poseían los templarios de aquel  territorio y consisten en la misma iglesia de Santa Coloma, parroquia en el día, un castillo inmediato a ella con casa y huerta, la ermita titulada del Santo Alto Rey, que está situada en lo más alto de la gran sierra que lleva de nombre al sur de la población, otro castillo arruinado contiguo a la misma y toda la tierra de llano y monte que media entre ambas alturas”. Aunque la hipótesis resulta de lo más sugerente, pocas más son las pruebas que tenemos al respecto. Incluso algunos documentos echan por tierra esa posibilidad, por atribuir la posesión de Santa Coloma o Santa Columba a una orden de canónigos regulares de San Agustín. Otras teorías atribuyen su construcción a la Orden de San Juan de Jerusalén, cuya presencia en la vecina villa de Atienza sí está documentada, utilizándose como argumento las semejanzas entre la iglesia de Albendiego (cuya visita recomendamos encarecidamente al viajero), y otras construcciones sanjuanistas, como San Juan de Duero (Soria).

Lo que no admite dudas, es la gran devoción que generó el santuario desde antiguo, documentándose históricamente desde tiempos de Felipe II; la Hermandad del Alto Rey que fue fundada en 1740, es la responsable de seguir organizando cada primer sábado de septiembre una popular romería con un gran poder de convocatoria, rompiendo por un día el silencio de la montaña. De este solitario enclave se cuentan numerosas leyendas, como corresponde a su irresistible atracción sobre toda la comarca. Se dice por ejemplo que había un padre, jefe de una poderosa tribu celta,  enviudó y quedo al cargo de sus tres hijos, que discutían constantemente por cualquier cosa. Un buen día el padre, agotado por las disputa, los maldijo castigándolos a convertirse en montañas eternas, contemplándose para siempre pero sin poder moverse. Así surgieron las cumbres del pico Ocejón, el Santo Alto Rey y el Moncayo, cimas que pueden contemplarse entre ellas en días claros. Lo curioso de esta leyenda, es que parece tener relación con tres rostros grabados en la clave del arco triunfal de la ermita, y que guardan entre sí la misma proporción de distancia y posición que las cimas del relato legendario.

Otra leyenda nos cuenta que existía una cueva de cuyo techo manaba aceite, que era recogido por los monjes de la ermita para alimentar las lámparas que iluminaban la figura de Cristo en el interior del templo. Se dice que esta cueva estaba situada justo debajo del alta del templo (claro símbolo de elevación vertical); un buen día un pastor accedió a la cueva, y decidió recoger el aceite para uso personal. Desde aquel momento ya no goteó aceite sino agua, y así sucede en nuestros días. En la tradición primordial el aceite simboliza el conocimiento de lo sagrado, lo que implicaría según la leyenda una pérdida del verdadero sentido de la condición simbólica del Alto Rey. También en algunos caminos de acceso a la cumbre, se han encontrado evidencias de otras tradiciones muy similares a las que existen en los alrededores de San Andrés de Teixido, amontonamientos de piedras acumulados desde tiempos inmemoriales por todos los caminantes. En este sentido es probable que esta montaña estuviese asociada en tiempos prerromanos al culto al ciclo Muerte/Resurrección, donde las piedras simbolizarían las almas que son portadas a la montaña para buscar su renacimiento. Abunda en esta idea otro sugerente cuento: según los más viejos de la comarca, se dice que a 100 pasos o a 100 metros de la cumbre se encuentran fabulosos tesoros escondidos por los monjes ante la llegada de los musulmanes. Para unos se trata de  un caldero lleno de monedas de oro, para otros un becerro fundido del mismo metal; en ambos casos, son símbolos repetidos en muchas otras montañas sagradas, alusivos a su función mediadora entre los hombres y los dioses.

Tras empaparnos de tantas y tan sugerentes cuentos y leyendas, seguro que el viajero no ve el momento de subir a la cumbre, para lo cual disponemos de dos opciones, absolutamente diferentes. Por un lado, la pista asfaltada que daba servicio a la extinta base militar y a las antenas de telefonía móvil de la cima, una carretera muy estrecha de unos ocho kilómetros que parte de la aldea de Bustares y en la que hay que ir con cuidado por ser de doble sentido. La otra opción, más espectacular y adecuada para el senderismo, parte de la pronunciada curva que se encuentra tres kilómetros después de pasar Gascueña de Bornova, por la carretera de Paredes de Atienza. A los cinco minutos de tomar la pista forestal que arranca de esta curva, alcanzamos una bifurcación a la altura de una línea de alta tensión que tomamos a la diestra, hasta alcanzar en otros 10 minutos la cresta de la sierra. Desde aquí debemos seguir la vereda que, marcada con hitos y viejos esquís, va ascendiendo poco a poco por la divisoria, evitando las cumbres unas veces por la cara sur y otras por el norte. Aproximadamente dos horas y cuarto después alcanzaremos la ermita del Alto Rey (cuidado con los farallones, conviene rodear por la derecha en cuanto lleguemos a las primeras antenas). Desde la cima, recomendamos al viajero que busque un buen asiento para recuperar el aliento, hinche los pulmones, y disfrute de una de las panorámicas más espectaculares que podamos recordar en nuestras legendarias rutas….

Alfredo Orte Sánchez ©