SAN MIGUEL DE BREAMO - DATOS PRACTICOS

Como llegar: San Miguel de Breamo se encuentra en las cercanías de Pontedeume. Desde esta preciosa localidad coruñesa tomamos la N-651 en dirección a Betanzos y A Coruña; a unos tres kilómetros, pasada una cerrada curva a derechas, aparece un desvío cerrado a la diestras en la parroquía de Campolongo que ya nos indica el acceso al monte Betanzos. Desde aquí el acceso a la ermita está bien señalizado, a través de carreteras locales, durante otros tres kilómetros. La pista muere a los pies de la iglesia, situada en lo alto del monte, hoy cubierto por bastante vegetación y eucaliptos que impiden disfrutar de las panorámicas.

Horario: La iglesia se encuentra habitualmente cerrada, no disponiendo actualmente de horarios de visita establecidos por la oficina de turismo de Pontedeume. Únicamente puede conocerse su interior en ocasiones especiales, como la romeria que tiene lugar el día 8 de mayo y el 29 de septiembre. En algunas guías se comenta que las llaves las tiene una señora de la pedanía de Cemuza, en el siguiente teléfono: 981 43 00 90 (por confirmar).

Tipo de enclave: Románico - Información adicional: Blog de Karkallón sobre San Miguel de Bréamo

Provincia: A Coruña - Otros enclaves en la misma provincia: San Andrés de Teixido - Monasterio de Caaveiro

Share this article on Facebook Twitter icon
SAN MIGUEL DE BREAMO - - Un milagro de Navidad

 

“He aquí los hombres fuertes que el Señor ha ido eligiendo desde un confín a otro del mundo, entre los más bravos de Israel para hacerlos soldados de su escolta, a fin de guardar el lecho del verdadero Salomón, o sea el Santo Sepulcro, en cuyo derredor los ha puesto para estar alertas como fieles centinelas armados de espada y habilísimos en el arte de la guerra.” San Bernardo de Claraval

El monte Breamo es un enclave privilegiado de la geografía gallega desde tiempos ancestrales. Situado en el sur de la localidad de Pontedeume, se tiene constancia de la presencia del hombre por estos pagos desde el Neolítico, y al igual que otras montañas sagradas de Galicia, fue coronada por un santuario rupestre del que ya nada queda…salvo la evocadora leyenda de los caballeros templarios. Parte de esa leyenda tiene su origen en la fecha de consagración del templo, 1187, perfectamente visible en el contrafuerte del lado izquierdo de la portada occidental (“ERA 1225”). En aquel funesto año se perdió el Reino cristiano de Jerusalén, del que eran custodios los templarios, entre otras órdenes militares. La triste noticia se extendió rápidamente por todo el orbe cristiano, que achacó a los pecados de los hombres el designio que Dios les había reservado.

 

Cuentan que en la noche de Navidad de aquel año, once caballeros del Temple llegaron desde Tierra Santa hasta este rincón del golfo ártabro con objeto de custodiar la iglesia de Breamo y hacer penitencia. A medianoche, advirtieron que el rosetón que corona la fachada occidental lucía 12 puntas, en lugar de las once con que fue decorada, una de por cada uno de los caballeros que custodiaban la iglesia. Estupefactos, descubrieron en el interior de la nave un bebe recién nacido, que dormía plácidamente. Las doce puntas de la estrella del rosetón volvieron a ser once al amanecer, justo en el momento en que desaparecía ante sus ojos el bisoño niño que había pasado la noche en el presbiterio. Dice también la leyenda que aquel que se acerque en Nochebuena hasta San Miguel, podrá comprobar para su asombro que el rosetón vuelve a tener doce puntas. Sólo hasta el alba, cuando los primeros rayos de sol rompen la magia de esta noche.

Lo que subyace en esta bonita historia es un profundo simbolismo, presente en todas y cada una de las piedras de la iglesia. Planta de cruz latina, una única nave rematada en cabecera con tres ábsides, escasas y estrechas ventanas, y tres portadas abiertas al oeste, sur y norte del templo. Es una construcción muy sólida, de contundentes sillares carcomidos por el viento del océano, y los líquenes que crecen a su amparo. Pero es el número el que está presente en Breamo; en el tímpano de la portada norte se dibuja un trébol de cuatro hojas (recordando a los cuatro ríos del Paraíso, los cuatro elementos de la naturaleza o los puntos cardinales). Dos veces al año, en primavera y verano, se celebra una popular romería. Dicta la tradición que los romeros cumplan con el ritual que exige dar nueve vueltas al templo en total silencio. Cuentan que esta rito de paso va bien contra el mal de ojo, y sirve para ahuyentar a las meigas, que como dicen en estas tierras “haberlas ailas”. 

El emplazamiento de Breamo es la clave simbólica de todos los elementos que mencionamos. El historiador Antonio Couceiro Freijomil sitúa en esta cima la ubicación de un castro donde habitaría el mítico rey Brigo, nieto del mismo Noé, que llegó a conquistar la isla de Irlanda en tiempos míticos. La etimilogía nos cuenta también que el propio nombre de Breamo procede de la evolución de la raíz Bri, de claro origen celta, y que parece aludir a su condición elevada (colina, monte). Se dice de este monte que es lugar habitual de reunión de las brujas de la comarca, por haberse encontrado en ocasiones bollos de pan cortado en la puerta, vestigios de los aquelarres celebrados en la noche anterior. Probablemente este lugar ya era sagrado para la tribu de los ártabros, permitía entonces como hoy mantener un contacto privilegiado con las fuerzas de la tierra y un dominio sobre las rías del golfo de la marina. Esa sensación de contacto con lo invisible fue también percibida por el maestro constructor medieval, que apostó por un edificio cerrado, sólido, sin apenas concesiones al ornamento gratuito, pero capaz de transmitir una profunda espiritualidad. En su interior predomina igualmente la sencillez, la penumbra, con escasos capiteles figurativos. Los más interesantes los encontramos en el absidiolo sur, con una curiosa escena de caza y algunos animales fantásticos en las basas de las columnas vecinas. Pero es la piedra el verdadero protagonista de Breamo, bloques de granito gallego carcomidos por la erosión y la humedad, que con su silencio son testigos de la historia de un lugar sagrado desde tiempos remotos.. Un escenario perfecto para experimentar ese recogimiento interior que inspiró a aquellos caballeros templarios a ser testigos de un milagro de Navidad…

Alfredo Orte Sánchez ©