MONASTERIO DE FRESDELVAL- DATOS PRACTICOS

Como llegar: El Real Monasterio de Nuestra Señora del Fresdelval se encuentra apenas a cinco kilómetros al norte de la ciudad de Burgos, en un vallejo escondido. Desde la capital comunera tomamos la N-623 en dirección a Santander por el puerto del Escudo. Rebasado el pueblo de Villatoro, atravesaremos dos rotondas y unos 500 metros después encontraremos una pista de tierra en la parte derecha por la que nos desviaremos. Aunque podemos avanzar algunos metros por esta pista, conviene dejar el coche cerca de la carretera que hemos dejado, y continuar a pie hasta el monasterio, distante 1,5 kilómetros.

Horario: Fresdelval es una propiedad privada y sólo podemos conocer su perímetro exterior. Hasta hace no demasiado tiempo podía visitarse el primer miércoles de cada mes, pero ahora mismo las labores de restauración han obligado a suspender estas visitas.

Tipo de enclave: Otros - Información adicional: Página oficial de Fresdelval

Provincia: Burgos - Otros enclaves en la misma provincia: San Pantaleón de Losa - Peña Amaya - San Quirce de Burgos - Hacinas - Quintanilla de las Viñas - San Pedro del Arlanza

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MONASTERIO DE FRESDELVAL - -El Bosque de las Hiedras

 

“El día estalla otra vez en gritos,
busca con ansiedad mis ojos de la noche
toda muerte, mis ojos
de la olvidada noche.
Como una hiedra sigo trepando
por el muro que existe de nuevo
y el sol perpetuo me reconoce
y por un rato soy la vida. “
Mario Benedetti

A dos pasos de la ciudad de Burgos languidecen las ruinas de un monasterio tan cercano como apartado. Un lugar donde la nostalgia se expresa con toda la potencia romántica que podamos imaginar, y donde la naturaleza ha engullido un pedazo de la historia. El Monasterio de Fresdelval constituye una sorpresa mayúscula, especialmente por lo idílico de su emplazamiento, en medio de un bosque que rebosa encanto por los cuatro costados. Resulta difícil imaginar un enclave de tal belleza tras haber superado apenas dos kilómetros antes los desorganizados arrabales burgaleses, varias rotondas y unos cuantos cruces de carreteras de intenso tráfico que se dirigen hacia el norte de España.

Probablemente el hecho de ser propiedad privada haya permitido alejar de los curiosos este pequeño vallejo, por el que podemos toparnos con liebres, perdices, corzos y jabalíes, ajenos al ruido de la vecina urbe del Arlanzón. El monasterio tiene su origen, según la leyenda, en una diminuta ermita dedicada a la Virgen de Fresdelval en tiempos visigodos. Con la invasión musulmana el villorio y la ermita se abandonaron, y no fue hasta el año 1320 cuando se reedifica la iglesia con fondos de los vecinos del entorno.

La fama milagrera de la Señora de Fresdelval hizo aumentar poco a poco las donaciones, pero no fue hasta el año 1400 cuando se encargaron las obras del actual monasterio. El Adelantado mayor de Castilla,  Gómez Manrique, en agradecimiento por la milagrosa curación de su hija mayor María, hizo construir aquí una residencia;  posteriormente donó los terrenos anexos a la orden de los Jerónimos, tras ser salvado por la Providencia de una muerte segura cuando participaba en el asedio de la ciudad de Antequera, en el Reino de Granada. Los montes jerónimos poblaron entonces estos muros hoy gobernados por líquenes, madreselvas, musgos y otras plantas trepadoras. El visitante llega hasta Fresdelval por una pista forestal que parece no llevar a ninguna parte, y que al poco de iniciarse se encuentra cortada por una cancela; caminamos luego por un bosquete de robles y fresnos, que ofrece una estampa de lo más bucólica en otoño, cuando una alfombra de hojas se extiende a nuestros pies. A los pocos minutos nos topamos con la fachada de la iglesia, de estilo renacentista, y notables dimensiones. El templo fue erigido por el desconocido maestro Brahen, siguiendo los patrones establecidos por su orden; erigida en estilo gótico, nave única con pequeñas capillas laterales y cabeza cuadrada, sobresalen al exterior sus grandes ventanales apuntados.

El interior está desde hace algunos años en rehabilitación y todavía no puede visitarse; nos cuentan que el presbiterio acoge el sepulcro del noble Gómez Manrique y de su esposa doña Sancha de Rojas, refundadores de la iglesia. Pero su gran joya es el sepulcro del caballero D. Juan de Padilla, obra del maestro de la catedral burgalesa Gil de Siloé, que puede verse hoy en el museo de la ciudad tras ser expoliado del monasterio en el siglo XIX. En el siglo XVI el nuevo comendador de la orden de Calatrava D. García de Padilla, emprendió importantes reformas en el edificio, que supusieron principalmente la elevación de las cúpulas de la iglesia a una altura superior y la construcción del Patio de los Padilla, que daba acceso al palacio o Casa de Carlos V. Cuentan las crónicas que en la Semana Santa de 1524 se hospedó aquí el emperador, y unos años más tarde hizo lo propio su hijo Felipe II que aprovechó la ocasión para conceder al monasterio nuevos privilegios. Como en otras gloriosas ruinas, la desamortización de Mendizábal echó por tierra el pasado glorioso de Fresdelval. Afortunadamente el empeño de algunos intelectuales burgaleses pudo salvar algo de la vieja fábrica; artistas como Francisco Jover y Casanova o los hermanos Dumont convirtieron a Fresdeval en albergue y centro de reunión de literatos, bohemios y artistas. Hombres con una sensibilidad especialidad, como Víctor Balaguer, apreciaron enseguida las virtudes de aquellas encantadoras ruinas: "Y en verdad que no puede ofrecerse mansión más agradable, ni hospitalidad más atrayente, ni sitio más encantador, ni centro más propio para regocijos de soledad y para deleites de excursión".
  Desgraciadamente para entonces se había perdido parte del ala norte y este del piso superior del claustro, y otras estancias desaparecidas por el saqueo continuo de sus piedras en décadas anteriores. Aunque en estos momentos se han cancelado las visitas que antes estaban programas los primeros miércoles de cada mes, merece la pena recorrer el perímetro del monasterio, devorado por las ramas del bosque y el inexorable paso del tiempo. Los propietarios de Fresdelval se han comprometido en el mantenimiento y rehabilitación de lo que todavía queda, y confiamos en que pronto podamos volver a recorrer uno de los cenobios más sugerentes y melancólicos de la vieja Castilla.

Alfredo Orte Sánchez ©