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El Bierzo - Eremitas y Minas de Oro

 

León
3 días

 

 

Información Práctica

Tipo de Ruta:

Naturaleza, arte y pueblos pintorescos.

Duración de la ruta:

Para conocer bien El Bierzo son necesarios tres días completos. En un fin de semana podemos hacernos una idea, aunque muy probablemente será incompleta.

Como llegar:

Por la autovía de A Coruña hasta la localidad de Ponferrada, distante de Madrid 385 kilómetros. Es muy recomendable entrar en El Bierzo por la carretera que sigue el curso del camino jacobeo; para ello debemos abandonar la autovía en Astorga y tomar luego la carretera LE-142 en dirección a Castrillo de los Polvazares y Santa Coloma de Somoza.

Restaurantes:

Referencia obligada en la comarca es comer en el Prada a Tope, en la localidad de Cacabelos. Pruebe el botillo y los pimientos de El Bierzo a precios módicos. Espectacular es también el restaurante Salomé, en Toreno, muy conocido por sus increibles raciones de chipirones fritos. Otra opción muy campestre es comprar una empanada en la plaza mayor de Ponferrada, "La Casa de las empanadas".

Alojamientos

La oferta de hoteles es importante por la actividad económica y comercial de Ponferrada y de la cuenca del Sil. Además se incrementa cada año la interesante iferta de turismo rural. Muy recomendable, aunque algo subido de precio, es el Hotel Posada de Muriel, en Molinaseca, con una decoración muy cuidada y habitaciones con los sugerentes nombres de maestres y caballeros templarios. Otra opción en el encantador pueblo de Molinaseca es la Casa del Reloj, en pleno Camino de Santiago. Hacia la zona de los Ancares hay algunos alojamientos rurales muy interesantes, y que nos pueden permitir combinar la visita a los enclaves aquí descritos, con los valles de este maravilloso enclave natural. Muy recomendable es Casa Ana, en Sésamo, a dos kilómetros de Vega de Espinareda, por ser un cruce de caminos y su buena relación calidad-precio.

Horarios de Visita

La iglesia mozárabe de Peñalba de Santiago tiene los siguientes horarios: Del 1de Octubre al 30 de Abril
M a S de 10:00-14:00 // 16:30-20:00
D y F de 10:00-14:00
L cerrado, incluso si es festivo.
Del 1 de Mayo al 30 de Septiembre
M a S de 10:00-14:00 // 17:00-21:00
D y F de 10:00-14:00
L cerrado, incluso si es festivo. Para ver la iglesia de Santo Tomás de las Ollás, en Ponferrada, hay que preguntar por la guardesa que vive en una de las casas situadas justo enfrente. El castillo templario abre de martes a domingo de 10 a 14 y de 17 a 21 horas, estando cerrado los domingos por la tarde y los lunes. La herreria de Compludo, abre de 10 a 14 horas todo el año, y por la tarde de 17 a 20 en verano y de 16 a 18 en invierno. El monasterio de Carracedo tiene los siguientes horarios: 1 Noviembre - 31 Marzo:
De M a D y F de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00 horas L cerrado, incluso si es festivo. 1 Abril - 31 Octubre: De M a D y F de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00 horas.
L cerrado, incluso si es festivo. La galería de Orellán en Las Médulas abre de junio a septiembre: todos los días de 10.00 a 22.00 h. De octubre a mayo: de 11.00 a 14.00 h y de 16.00 a 18.00 h. Cerrado: martes.
(Estos horarios pueden sufrir variaciones en función de las condiciones climáticas)

Cartografía:

Un buen mapa de carreteras suele ser más que necesario para la mayor parte del itinerario.

Compras:

Ir al Bierzo y no llevarse un bote de pimientos es un delito desde luego, pero también lo es irse sin algunas de sus célebres castañas, o su miel. Pruebe a llevarse algo de vino de alguna bodega de Molinaseca o de Villafranca, no se arrepentirá. En Prada a Tope venden productos de la tierra.

Consejos Útiles:

Mucho cuidado con la carretera del valle del Oza, es de las más peligrosas de España, no por su intensidad de tráfico sino por su estrechez y curvas sin visibilidad: no dude en parar cuando se cruce con otros vehículos. Procure ver Las Médulas al atardecer, especialmente desde el mirador de Orellán, el paisaje se transforma por completo respecto al que podamos obtener en una visita matinal.

 

Información adicional

Para tener una visión global de la comarca, con descripción de lugares, rutas y alojamientos:

www.turismobierzo.com

La página oficial del yacimiento de Las Médulas nos ofrece información detallada de horarios del centro de interpretación y de la galería de Orellán, elementos imprescindible de la visita:

www.fundacionlasmedulas.org

 

El Bierzo

"Eremitas y minas de oro"
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El Bierzo es una de las comarcas de mayor personalidad de España; se encuentra en el punto geográfico exacto que le ha permitido desde siempre, compartir las influencias de otras regionesPeñalba de Santiago periféricas, como Asturias, Galicia o la propia Castilla. Esta condición de nudo gorgiano, se traduce en paisajes de una sublime y espiritual belleza y en un pasado lleno de historia y de patrimonio artístico y cultural. El viajero que penetra en sus entrañas descubre una especie de micropaís, en el que hasta los climas parecen haber encontrado un punto de comunión perfecta, a pesar de sus pequeñas dimensiones. Precisamente por ello, resulta más gratificante si cabe recorrer el Bierzo poco a poco, como los buenos vinos que se producen en esta tierra, pues de lo contrario, uno corre el riesgo de pasarse la sorpresa, lo insólito, o lo asombroso. Vamos a dar unas breves pinceladas por algunos de sus rincones; el lector nos perdonará por la brevedad de algunas descripciones pues muchos de ellos darían cabida para mucho más que una simple reseña.

Foncebadón: primitiva entrada jacobea

Y para predicar con el ejemplo, admita el viajero una sugerencia: abandone los caminos principales y someta su cuerpo a la tranquilidad de las carreteras secundarias. No hay formas más distintas de entrar en el Bierzo, que hacerlo por la autovía, o hacerlo por la antigua ruta jacobea desde las tierras de la Maragatería, por solemnes soledades que llegan a lo más profundo del alma. Desde el alto de Foncebadón, allí donde desde tiempos remotos los peregrinos jacobeos arrojaban piedras en loor de HermesFoncebadón, se comprende mejor la personalidad de la comarca y de estos montes de León. No es un paisaje espectacular, como pueda tratarse de los Picos de Europa, ni tampoco hay bosques tan extensos como los Pirineos. Al contrario, es quizá su desolación, las desgastadas cimas y el color verde intenso de piornales y gayubas, lo que más se fija en nuestra memoria. No exageramos si decimos que este es uno de los rincones del norte de España que más nos han transmitido una profunda sensación de espiritualidad y recogimiento. La cruz de Foncebadón no es más que un viejo mástil de madera coronado por una cruz de hierro, sobre la cual se amontonan cientos de piedras, y sin embargo no puede ser más bella en su sencillez; la tradición asegura que en este punto el peregrino arrojaba de espaldas una piedra que había cogido en su lugar de origen para propiciarse buena suerte. Hoy más que una tradición, parece una costumbre obligada, y no sólo por los peregrinos sino por todo aquel que pierde su coche por estos pagos.

El descenso hacia tierras bercianas es pronunciado y espectacular; tan sólo la fea estampa de la central térmica de Ponferrada arruina el panorama que contemplamos, a la par que los peregrinos que nos cruzamos de vez en cuando. Apenas unos kilómetros después nos encontramos con el mítico albergue de “el último templario”, como se le conoce a Tomás de Manjarín. Es increíble como este hombre ha dado media vida por ayudar a los peregrinos que durante todo el año, se asoman por este puerto de tan dura climatología. Un poco más abajo y a mano izquierda encontraremos el desvío a la herrería de Compludo, un antiguo molino de agua que viene funcionando nada menos que desde el siglo VI, y que hoy ha sido recuperado con fines turísticos. El paraje donde se encuentra en medio de un espero bosque es de gran belleza, y sobre todo de profunda soledad. El ruido del agua al mover la noria nos trasladará automáticamente hasta los tiempos donde toda la comarca, estaba poblada de cientos de herreros, noble arte de trabajar el hierro que fue asociado con algunas corrientes religiosas un tanto heréticas. No debemos olvidar que estos parajes, aunque profundamente ligados a la vida eremítica, también fueron germen y desarrollo del Arrianismo, que consideraba que Cristo no tenía naturaleza divina, sino humana y que solamente en cierto momento fue poseído por el Espíritu divino. Nosotros por lo pronto, volvemos a la carretera sinuosa que traímos desde Foncebadón hasta acabar el descenso a la hoja berciana justo a la entrada de Molinaseca. Este un pueblo por y para el Camino, con una calle real llena de bodegas donde se sirve el mejor vino de la tierra, y un puente formidable y jacobeo como pocos donde corren las aguas del río Meruelo. En caso de apretar el calor, no dude en darse un baño en la poza artificial que se ha creado justo a los pies. En el vecino santuario de las Angustias, al otro lado del puente, tuvieron que sustituir la puerta de madera por una de hierro, pues era costumbre entre los peregrinos llevarse una astilla como recuerdo de su paso por la localidad.

Ponferrada: Templaria y Hospitalaria

Apenas seis kilómetros más abajo, alcanzamos la capital de El Bierzo, Ponferrada, llamada así por el antiguo "pons ferratus" o puente de hierro, del que sólo queda el recuerdo. Aunque la ciudad no puede disimular su evidente desarrollo industrial y minero, conserva todavía un casco histórico de rancio abolengo y mejor sabor. Para visitarlo, nada mejor que comenzar por el castillo templario, una de las mCastillo de Ponferradaejores fortalezas de que dispuso la orden en los reinos cristianos peninsulares. El origen del castillo se sitúa en los albores de la historia, pues existe constancia de un antiguo castro celta, y después romano que fue demolido con la llegada de la morisma en la Edad Media. A finales del siglo XI fue recuperado y entregado por los reyes de León a los templarios, con la misión de vigilar la comarca y el paso de los peregrinos por la ruta hacia Compostela. La entrada principal se encuentra protegida por enhiestas torres, un puente levadizo sobre un profundo foso, y doble recinto murado que da una idea de la importancia estratégica que tuvo este castillo en el control de la zona. Precisamente las dimensiones e inexpugnabilidad de sus muros han dado lugar a diversas leyendas, como la que sitúa uno de los grandes tesoros templarios en alguna cámara subterránea, o la que habla de inhóspitos túneles bajo la roca que comunicarían el castillo con la vecina basílica de Nuestra Señora de la Encina. Desde alguna de las torres, advertimos la fachada neoclásica de este templo, reconstruido sobre otro medieval, que alberga hoy la imagen de la patrona de El Bierzo. Se dice que la imagen de la Virgen que hoy puede contemplar el visitante, fue encontrada por un caballero del Temple, en el interior de una encina, cuando los freires buscan madera con que levantar los muros de su fortaleza. Este cuento de desconocido origen, encierra en realidad un mito que se repite mil veces en otros lugares asociados a cultos marianos, donde la Virgen aparece asociada a castaños, robles u otros árboles. La encina es, en este caso, un símbolo de una religiosidad pagana de la que todavía hoy quedan huellas en la comarca. Antes de abandonar el castillo de Ponferrada, hacemos un llamamiento a las autoridades para alertar sobre el abuso que ha supuesto su restauración, que ha aprovechado el patio de armas para levantar una cafetería de nuevo cuño, un centro cultural y otras salas de diversos usos. Es un triste ejemplo de cómo desvirtuar un patrimonio histórico y cultural y el objetivo con el que fue levantado.

Pero esta ciudad, a pesar de su faceta moderna e industrial, encierra todavía un par de buenos secretos. Si pasamos por debajo de la torre del reloj, alcanzaremos la bella plaza mayor, asoportalada y presidida por su Ayuntamiento neoclásico. En las afueras de la localidad, debemos preguntar por el camino para llegar a la iglesia de Santo Tomás de las Ollas; se trata de un templo de estilo mozárabe, pequeño y modesto en el exterior, pero sorprendente en el interior. No debe olvidar el viajero fijarse en su cabecera, con una arcada ciega en continua penumbra que parece trasladarnos a la época en que fue levantada.

El Valle del Silencio: Refugio de eremitas

Continuamos nuestro camino en nuestro vehículo particular para adentrarnos en las espesuras del valle del Oza, por una carretera infame que dejará, a buen seguro, un pIglesia mozárabe de Peñalbarofundo recuerdo en nuestro cuello. Afortunadamente el valle que vamos a conocer compensará con creces estas dificultades, motivadas sobre todo por la excesiva estrechez de la carretera, que nos obliga a prestar mucha atención al cruzarnos con otro automóvil. Atravesando poblaciones minúsculas, como San Esteban de Valdueza y su iglesia románica, el viajero parece activar la máquina del tiempo y retrocede sin remedio hasta tiempos casi olvidados, tiempos de oración y retiro, donde la vida eremítica se convertía en la principal realización espiritual del hombre. Este valle fue conocido precisamente por sus anacoretas y santos, así como por sus molinos y herrerías, oficios casi olvidados muchas veces asociados a la magia de la alquimia. Nuestro objetivo último es Peñalba de Santiago, uno de los pueblos más bellos de España; hace algunos años que su popularidad está creciendo exponencialmente, que en este caso está siendo bastante bien gestionado con la construcción de un pequeño aparcamiento que impide el paso de vehículos al interior de la aldea. Sin embargo, algo de su magia y autenticidad se ha perdido por el camino, especialmente en algunas fiestas y fines de semana de verano; recomendamos en la medida de lo posible acercarse en otras fechas, con objeto de seguir disfrutando de esa inolvidable sensación de descubrimiento que nos produce Peñalba. Su ubicación es verdaderamente prodigiosa, perdido entre montañas de más de 2000 metros, apenas se levantan unas cuantas casas de pizarra engullidas por el paisaje. Nada en este conjunto desentona, en una perfecta sintonía de naturaleza y arquitectura adaptada al medio, que parece sacada de un cuento medieval. En mitad del caserío, se yergue la iglesia mozárabe, del siglo X, que formaba parte del monasterio del mismo nombre levantado por el aArcos mozárabes en Peñalba de Santiagobad Genadio y su pequeña comunidad de monjes venidos de Córdoba. Parece asombroso descubrir esta joya del arte en este paraje tan escarpado y expuesto al olvido del tiempo, pero quizá por ello ha estado preservado de la ambición de los hombres y de las modas. El pequeño templo aprovecha igualmente los materiales de la zona, especialmente la pizarra. En el exterior destaca sobre todo su bella arquería de arcos gemelos, separados por un delicado y refinado mainel que da acceso al exterior; el campanario se encuentra separado del resto de la iglesia, y ofrece una vista a prueba de vértigo sobre el conjunto y el paisaje que lo rodea. Los tejados se cubren conpizarra a cuatro aguas, y se integran de forma muy armoniosa en el paisaje. Si miramos al otro lado del valle, veremos una peña o pared rocosa cortada a pico, la "Peña Alba", de intenso color blanquecino, que da nombre precisamente al pueblo. En el interior de la iglesia sorprende la presencia de dos ábsides contrapuestos, herencia posiblemente oriental, y la asombrosa sucesión de arcos de herradura muy cerrados y de gran belleza. Todavía se distinguen hoy algunas de las pinturas originales mozárabes que decoraron paredes y techos, y que están siendo recuperadas tras un milenio sepultadas bajo una capa de cal. No olvide fijarse por último en el llamado "somier de San Genadio", una rejilla de varas que dicen algunos sirvió de cama al santo varón y que no deja de llenarnos de perplejidad.

Precisamente para seguir los pasos de este monje anacoreta, nada mejor que calzarnos las botas de montaña y dar un pequeño paseo en busca de la cueva donde dicen que pasó algunos años de su vida. Desde la misma iglesia de Peñalba, por un camino que se pierde hacia el fondo del valle, se llega hasta la cueva situada en la ladera de enfrente, en poco más de 40 minutos.

El origen del Valle del Silencio

La leyenda asegura que el monje Genadio, retirado en estas peñas para dedicarse a la oración y la meditación, se sintió molestado por el ruido que originaba el agua del río en sus oraciones. Para acallar el murmullo, arrojó su cayado al cauce del valle gritando con voz solemne ¡Cállate!; y el río se sumergió debajo de las rocas, tal y como podemos verlo en la actualidad, hasta ser conocido como valle del Silencio.

El camino se encuentra bien señalizado y no presenta gran dificultad. La entrada a la cueva se encuentra protegida por una reja, pero desde el exterior aún se observa un altar y algunas cámaras excavadas en la roca de la época mozárabe. Desde aquí se observa una fenomenal vista de Peñalba de Santiago, y de todo el valle del Silencio a nuestros pies, en la que encontraremos sentido a las frases de tantos hombres de letras que en este mítico valle encontraron paz e inspiración:

"Recuerdas una senda sombría entre castaños y un arroyo arrullando la piedra de los siglos, allá en una umbría del Valle del Silencio" Antonio Colinas.

Regresamos de nuevo a Peñalba para coger nuestro vehículo, descendemos por el valle unos kilómetros hasta coger el desvío que nos lleva a Montes de Valdueza. La soledad y el salvaje paisaje resultan sobrecogedoras, en una carretera que parece no conducir a ninguna parte. San Pedro es una minúscula localidad que ha crecido a la sombra de su monasterio, levantado en el siglo VI por el abad San Fructuoso, el principal protagonista de que estos montes fueran conocidos como la Tebaida leonesa. El monasterio conserva todavía una iglesia de corte barroco, con elementos de otras corrientes anteriores, y una serie de dependencias y estancias donde vivían los monjes que hoy se encuentran en un estado semirruinoso. Curiosamente las enredaderas y castañares proporcionan a los derruidos muros, un aire romántico y evocador; parece como si en cualquier momento pudiera aparecernos algunMonasterio de S.Pedro de Monteso de los monjes benedictinos que llegaron a habitar este cenobio, cuya influencia se extendía incluso hasta tierras de Valladolid y Zamora. Hoy el conjunto está siendo rehabilitado por la junta de Castilla y León, y parece estar viviendo una segunda juventud que ha llegado a punto para evitar su ruina total. Una senda salva los contrafuertes de la montaña comunicando Peñalba con San Pedro a través de bosques de castaños y espesos robledales, y a los pies de la montaña mágica de El Bierzo: La Aquiana. En su cima, se conserva maltrecha una ermita a la que se sube en romeria en primavera y otoño para rendir ofrendas a la virgen; una estrecha pista asfaltada conduce desde San Esteban de Valdueza al vecino Campo de las Danzas, a más de 1600 metros de altura, en la falda oeste de La Aquiana. Este lugar de sugerente nombre, aparece vinculado por la tradición a la costumbre de las mujeres celtas de bailar desnudas a la luz de la luna en las noches de plenilunio, con objeto de mantener y fomentar el espíritu regenerativo de la especie.

Monasterio de Carracedo: Ora et Labora

De nuevo en Ponferrada, tomamos camino al monasterio de Carracedo, joya cisterciense del siglo XII, distante apenas unos kilómetros en una amplia vega del Sil. Los últimos trabajos de restauración, han puesto al descubierto una enorme construcción en la que lo más sobresaliente es el pórtico y el claustro. Aquí los hombres de San BernardMonasterio de Carracedoo disponían de valiosas cepas donde comenzaron a practicar el cultivo de la vid, que tanta fama ha dado después a los vinos de la comarca. Hoy sólo la autovía estropea el paisaje que debieron contemplar los monjes, pues las vides siguen creciendo junto a los mismos muros medievales. Más de una hora le llevará al visitante recorrer las numerosas estancias de este cenobio, sin duda el más importante de El Bierzo y del que llegaron a depender otras encomiendas y prioratos en más de 100 kilómetros a la redonda. Quedan aún importantes restos de arte Cisterciense en la sala capitular, de una elegancia y delicadeza increíble, y que quizá contrasta demasiado con el sobrio claustro herreriano por el que se accede. Un poco más adelante, siguiendo el camino de Santiago, alcanzamos la más noble villa berciana, Villafranca del Bierzo, puerta de Galicia. Todo en ella es armonía y abolengo: casonas nobiliarias, escudos, iglesias y palacios conforman este conjunto histórico presidido por la mole del viejo castillo de los marqueses de Villafranca, del siglo XVI. La riqueza y prestigio de esta noble villa, están asociadas a la fama hospitalaria ligada al camino jacobeo; dicha fama, se materializó en el siglo XII en la construcción de la iglesia de Santiago, un bello ejemplar románico que representa algo más que una pequeña ermita. Ante su puerta del perdón, se concentraban los peregrinos que por enfermedad o causa mayor, no eran capaces de llegar a Compostela, deseaban obtener el jubileo. Aquí, a las puertas de la Gallaecia romana, se obtenía los privilegios que no podían conseguirse en ningún otro lugar de la ruta. Villafranca posee además otros monumentos de singular valor, como la iglesia de San Francisco, donde descansan los restos del escritor Enrique Gil y Carrasco, la colegiata de Santa María con una bella cabecera de tracería gótica o el convento de la Asunción. Quizá donde más se resume el carácter acogedor y recio de Villafranca, sea en la calle del agua, de una valiosa arquitectura, entre lo popular y lo nobiliario.

Desde Villafranca, una estrecha carretera nos lleva a Corullón, distante apenas 5 kilómetros. Al poco de cruzar la autovía nos encontramos con un pequeño desvío a la iglesia de San Juan Fiz, Románica del siglo XII, cuyo principal y oculto tesoro es un aljibe de época romana recientemente descubierto). La visión del castillo de Corullón del siglo XIV es el mejor anticipo de nuestra proximidad al pueblo; por desgracia es de propiedad privada y no es posible la visita, lo que sin duda agradecerían nuestros ojos aunque sólo fuera para admirar las vistas que deben disfrutarse. Lo más destacado de este pequeño pueblo, es sin duda su patrimonio románico, en forma de las iglesias de San Esteban y San Miguel. La primera cumple las funciones de parroquia, donde hay que fijarse en su hermosa puerta, emparentada con la de las Platerías de Santiago de Compostela; una lápida empotrada en un muro describe la lapidación del santo titular. Más original y peculiar es la iglesia de San Miguel, a la entrada del pueblo. Su portada sur, visible desde la carretera, es de una gran monumentalidad y está ricamente decorada, por figuras humanas y de animales. Más destacados son los canecillos de la cornisa, donde la variedad temática es abrumadora, desde motivos vegetales y faunísticos, a escenas de la vida cotidiana, todos ellos de una gran calidad escultórica. Es sin duda, la mejor iglesia románica de toda la comarca.

Las Médulas: Oro y Esclavos al servicio de Roma

Abandonamos el camino para ir por fin, a la joya de El Bierzo, las Médulas, tomando la carretera que lleva de Ponferrada a Orense, siguiendo el curso del río Sil. Al poco de llegar, no se pierda lGalería de Orellána visita a la formidable fortaleza templaria de Cornatel, vigilante y maltrecha desde un espolón rocoso. Hace apenas unos años ha sido rehabilitado con indudable acierto, permitiendo la visita en condiciones de cierta seguridad; si tiene oportunidad, no dude en acercarse para disfrutar de una panorámica inolvidable. Un poco más adelante, giramos a la izquierda hasta alcanzar la localidad de Las Médulas; la carretera continua un poco más adelante hasta el aula arqueológica y el aparcamiento, donde podremos conocer cuales son las características de la mayor mina de oro de todo el imperio romano. Poco hay que podamos añadir desde estas líneas, a uno de los enclaves más conocidos de León. Este espacio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, recibe hoy miles de visitantes, asombrados ante un paisaje que en buena parte, ha sido fruto de la mano del hombre. Los romanos al llegar a estas colinas asomadas al Sil, descubrieron que los poblados celtas de la comarca disponían de valiosos ajuares de oro que indicaban una fuente cercana de tan valioso mineral, y dinamitaron la montaña mediante el método de "ruina montium"; según describe Plinio, consistía en excavar galerías e infiltrar agua para provocar deslizamientos de tierras. El lodo corría por cauces naturales hasta el fondo del valle, donde era limpiado por bateadores de sol a sol, para encontrar las pepitas. El resultado fue laLas Médulas transformación completa del paisaje, formando enormes montículos de arena y arcilla, allí donde la erosión fue más fuerte al paso del agua. En un ameno paseo circular de unos 40 minutos, el visitante se siente fascinado ante un entorno extraño, que al atardecer adquiere una tonalidad rojiza, casi incandescente; los enormes castaños que hoy vemos, fueron plantados por orden del Imperio para sujetar el terreno y facilitar el flujo del agua, por lo que tienen cerca de 2000 años. La visita sigue un itinerario principal circular que puede contemplarse en unos 50 minutos; al comienzo los bosques de castaños son los protagonistas, algunos de un porte gigantesco que parecen llevar aquí desde la época romana. El recorrido, sin apenas desnivel, tiene su punto fuerte en la Cuevona y la Cueva de la Portuguesa, que no son sino galerías excavadas por la acción del agua en la peculiar tierra rojiza. Aunque podemos comprender en parte el interés de las autoridades por proteger de la erosión estas galerías, resulta algo decepcionante para el visitante no poder entrar en ellas como se podía hacer hasta hace no demasiado tiempo (ahora estan precintadas y se prohibe expresamente su acceso). Para compensar esta decepción, no hay nada mejor que subir antes del atardecer, hasta el vecino mirador de Orellán, por una pista transitable para vehículos, desde donde la panorámica es inolvidable. Hasta aquí llegaban los canales de agua que canalizaban el caudal de los afluentes por medio de bombas y lo infiltraban en las galerías construidas. No debe perderse el viajero la oportunidad de visitar la galeria de Orellán, cuya entrada se situa pocos metros antes del mirador, la única visitable del complejo previo pago de entrada. Con la ayuda de un casco y una linterna que nos darán en la entrada podremos disfrutar de un paseo de una centena de metros por un oscuro pasillo que nos hace pensar, siquiera por unos momentos, en la forma de vida de aquellos pobres esclavos que pasaron toda su vida en estas minas. La galería se abre en una boca desde la que se contempla una vista espectacular de los farallones sobre los que se asienta el mirador artificial. Desde aquí se tiene conciencia de la codicia del hombre, pero también de su capacidad para adaptar el entorno en función de sus necesidades y ambiciones. Quizá sea una lección que no deberíamos olvidar en los tiempos que corren...

 

Alfredo Orte Sánchez ©

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