Navarra - Zaragoza
3-4 días

 

 

Información Práctica

Tipo de Ruta:

Artística en su mayor parte, con pueblos pintorescos, y ambiente medieval.

Duración de la ruta:

La distancia hasta el comienzo de la ruta y la cantidad de lugares a visitar, hacen aconsejables utilizar al menos tres días para disfrutar con tranquilidad de la zona.

Como llegar:

Existen varias opciones para comenzar la ruta. Una de ellas sería alcanzar Ricla por la A-2, en Zaragoza, para tomar luego la A-121 hasta Tauste, y luego seguir hacia el norte atravesando la comarca de las Cinco Villas por la A-127 hasta llegar a Sos del Rey Católico. Es un acercamiento bastante solitario, y que sorprende por la belleza inesperada de Sos, tras haber atravesado yermos y solitarios páramos. Otra posibilidad es alcanzar Pamplona por la A-1, y desde allí bajar a Sangüesa por la A-23 o autovía del Pirineo. En cualquier caso, esta localidad dista unos 450 kilómetros desde Madrid.

Restaurantes:

En Sos es más que recomendable el restaurante Vinacua, justo a la entrada del pueblo, con menús económicos y contundentes de cocina tradicional aragonesa; dispone además de habitaciones modernas y acogedoras a precios contenidos.

Alojamientos:

Si nuestro deseo es alojarnos en Sos, las mejores opciones son el hostal Vinacua, en pleno casco histórico o bien alguna de las casas rurales de la localidad; entre estas, destacamos dos por su relación calidad/precio: casa rural Monterde y casa del Infanzón. En Sangüesa tenemos algunos alojamientos interesantes, encabezados por el Hotel Yamaguchi (más de 60 euros por habitación); algo más sencillo y económico es el Hostal Latorre, a unos 6 kilómetros, en Liédena.

Horarios visitas:

La iglesia de San Esteban, en Sos del Rey Católico, tiene los siguientes horarios: laborables de 10 a 13 horas y de 15:30 a 17:30; festivos de 10 a 12 h. y de 16 a 18 horas.

 

Cartografía:

Un buen mapa de carreteras de la zona es suficiente para moverse de una localidad a otra sin mayores problemas.

Consejos Útiles:

Sos es la localidad más pintoresca de la ruta con diferencia, merece la pena utilizarla como base de alojamiento para poder disfrutar de un paseo al atardecer. Podemos enlazar este itinerario con un recorrido por la comarca de las Cinco Villas si disponemos de más días, disfrutando así del descubrimiento de un patrimonio poco conocido y siempre sorprendente. Las mejores fotografías de la portada de Sangüesa deben obtenerse a primera hora de la mañana, cuando los contrastes de los relieves son más suaves y permiten apreciar mejor los detalles; igualmente por la mañana es recomendable la visita a Gallipienzo viejo, gracias a la adecuada iluminación del fondo del valle del Alagón. En Leyre merece la pena asistir a los oficios cantados en Gregoriano, la sonoridad de la iglesia la convierte en una experiencia inolvidable.

Información adicional

De imprescindible consulta es la página del portal Románico Aragones sobre Sos y Sangïuesa:

Sos del Rey Católico

Sangüesa

CALLEJERO DE SOS

 

 

De Sos del Rey Católico a Sangüesa

"El camino que recorrió el Rey antes de nacer"

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Uno de los grandes acontecimientos de la historia de nuestrSos del Rey Católicoo país, que dieron lugar con el paso del tiempo a su configuración actual, fue sin duda la Reconquista. De aquel episodio tan complejo, nacieron algunos de los reinos llamados a dejar su huella, como Aragón y Navarra. La frontera entre ambos se ha mantenido casi invariable hasta hoy, y constituye un libro abierto para todo visitante que desee sumergirse y palpar, con sus propias manos, el recuerdo de unos tiempos de oración y batalla en plena Edad Media. Pocas rutas como esta permiten ver en tan poco espacio, tanta riqueza artística e histórica de los siglos XI, XII y XIII, incluyendo algunas de las villas medievales más bellas de toda Europa. No queremos dejar pasar la oportunidad de mencionar una notable ausencia que esperamos subsanar en breve: la descripción de Uncastillo, posiblemente el pueblo medieval más bello y desconocido de toda España, que merecería de lleno ser incluido en esta ruta. Vaya por delante mis disculpas.

Sos del Rey Católico: la cuna del rey Fernando

Comenzamos nuestro camino en tierras de Zaragoza, casi en los confines de la provincia, en la localidad de Sos del Rey CatIglesia de San Esteban - Sosólico. Forma parte esta localidad de la comarca de las Cinco Villas, pero tanto por su historia como por su estilo arquitectónico, bien pudiera decirse que forma parte de tierras navarr as. Su nombre parece estar relacionado con su misma ubicación, en lo alto de una alargada loma de la Sierra de la Peña, una posición estratégica que en antiguo aragonés se denominaba Sos. El apellido de este pueblo tampoco le viene por casualidad, sino porque aquí nació el rey Fernando el Católico por deseo y fuerza expresa de su madre; Doña Juana Enríquez, estando a punto de dar a luz en Sangüesa, juró que su hijo no nacería en tierras navarras y aguantó el impulsó unos kilómetros más para dar a luz en tierras aragonesas. Sabía decisión de esta mujer, castellana para más señas, pues convirtió a Sos, en villa ilustre por los siglos de los siglos. Luego con el paso del tiempo, Sos sufrió una importante decadencia, de la que fue rescatada a mediados del pasado siglo, gracias a lo cual ha llegado hasta nosotros en un estado de conservación sorprendente. Practicamente todo el casco histórico permanece anclado en el pasado, lleno de casonas de los siglos XIV, XV y XVI, en un ambiente generalmente recogido y silencioso, lo cual sorprende de forma inesperada al visitante. No resulta fácil encontrar en estos tiempos que corren un pueblo como este, en el que el turismo invasivo parece no haber hecho acto de presencia, y donde todavía puede respirarse el ároma de los pequeños descubrimientos, de la belleza intocada y auténtica. Algunas casas rurales y unos pocos restaurantes, no han podido todavía amenazar el ritmo cotidiano de la vida de este pueblo. En una recoleta y diminuta plazuela se encuentra el Ayuntamiento, un edificio renacentista que no desentona del conjunto; no se pierda la inscripción de su portada extraída del Eclesiastés: "La maldición de la madre abrasa i destrie de raíz hijos i cassa".

Todas las calles conducen hacia la zona más alta de Sos, donde se ubica la iglesia de San Esteban, del siglo XI, a la que llegaremos cruzando un pintoresco bajo un pintoresco adarve. DPlaza Mayor de Sosesde la explanada de su portada principal, podremos admirar una bonita vista del valle de Onsella, y comprenderemos la posición estratégica defensiva de todo el conjunto. El pórtico de la iglesia es uno de los mejores ejemplos de románico aragonés, y sirve de presentación a su magnífico interior, dominado por una oscuridad entre misteriosa y evocadora de inborrable recuerdo. Una de sus joyas se encuentra oculta a la mirada del turista de masas, y se encuentra en la cripta; todos aquellos que paguen un euro y se animen a descender por la tortuosa escalera de caracol, podran admirar una de las mejores muestras de pinturas góticas pintadas al fresco que quedan en nuestro país, recientemente restauradas. Pero Sos, es mucho más que San Esteban, es sobre todo una villa para pasear y perderse, para callejear y sorprenderse por ejemplo, con el ayuntamiento renacentista y su recoleta plaza mayor, con el castillo de Ramiro I, y con el palacio de Sada. Entre sus muros nació allá por el siglo XV, el rey que permitió la unificación de los reinos peninsulares; hoy se ha habilitado como centro de interpretación y museo, y permite ver cómo estaba configurado el palacio en aquella época. Abandonado Sos, tendremos la certeza de haber contemplado a buen seguro, uno de los 10 pueblos más bellos de España.

Sangüesa: Jacobea y Señorial

Continuamos hacia el norte unos kilómetros alcanzamos la noble villa de Sangüesa, nacida por y para el camino de Santiago, que la cruza de lado a lado por la bella calle real, procedente de Jaca. Paseando por ella se respira la magia dSanta María la Real de Sangüesae estas localidades que han crecido gracias a la peregrinación jacobea; todos sus grandes y señoriales edificios se disp onen en sus inmediaciones como el palacio del principe de Viana, o el de Vallesantoro. Resulta reconfortante sentarse en las arcadas del ayuntamiento, y ver pasear a los sufridos caminantes que, con verdadera fe, recorren paso a paso esta ruta milenaria a pesar de los tiempos y los cambios. Sanguësa es tierra de rancio abolengo, y de profunda historia, siempre asociada a los primeros tiempos del Reino de Navarra puesto que llegó a ser capital del mismo en algunos periodos. Algunos templos como el del Salvador o el de Santiago el mayor, dan testimonio de la ruta jacobea, pero de la nobleza de la corte, el mejor ejemplo es y será siempre su maravillosa iglesia de Santa María la Real, ubicada junto al puente metálico del río Aragón. El templo es un armonioso conjunto de los siglos XII y XIII con una enhiesta torre que parece inspirada en modelos franceses; el interior es un bello ejemplo de arquitectura gótica estructurada en tres naves, con un retablo plateresco sorprendente y lleno de riqueza. Pero es sin duda su portada meridional la que se lleva la palma, no en vano está considerada una de las tres o cuatro joyas más valiosas de todo el camino jacobeo. Jambas, arquivoltas, tímpanos y frisos aparecen decorados con un amplio repertorio iconográfico dominado por el tema del Juicio Final, y el cristo Pantócrator en su centro.

Sorprende sobre todo la profusión de su decoración, y la introducción de una nota expresiva y trágica en algunas figuras que están comenzando su andadura en el incipiente gótico. Quizá uno de los aspectos más exóticos, es la narración en la parte superior derecha del friso, de la leyenda escandinava de Sigurd y el dragón Fafner: a través de diversas escenas se cuenta la historia del herrero que forjo una espada mágica llamada Gram, a través de diversos fragmentos, para conseguir acabar con la vida del dragón que protegía el tesoro de los gigantes. Se cree que fue un peregrino venido de tierras noruegas el que pudo haber traído consigo este mito de la saga Volsunga. Lo cierto es que no dejar de ser curiosa la presencia de historias tan lejanas, en pleno corazón de tierras navarras. Como curiosidad final, fíjese en la figura de la Virgen que aparece como columna en una de las jambas laterales, sostiene una cartela con el nombre del autor de esta maravilla, "Leodegario me fecit". Antes de tomar el camino a Javier, convendría que el viajero conociese Aíbar, una de esas localidades de reconocible trazado medieval, y que vive a la sombra de otras localidades de mayor fama y abolengo. En sus cercanías, y como suele ocurrir con los pueblos donde acaba la carretera, debemos conocer el bellísimo Gallipienzo viejo. Encaramado en un promontorio vigilante del curso del río Aragón, al que otea desde un centenar de metros. De su posición fronteriza y defensiva, le vienen algunas de sus leyendas, como la que cuenta que fue objeto de disputas entre los reyes de Navarra y Aragón que se jugaron la villa a las cartas.

Del Castillo de Javier al Monasterio de Leyre

En los alrededores de Sangüesa nos encontramos con una serie de tesoros que contribuyen a incrementar el patrimonio medieval de la zona. El castillo de Javier, que tuvo sus orígenes en el siglo X, aunque la mayor parte sea del XIV, ofrece una estampa tan gallarda y perfecta que muchos son los que le acusan de ser demasiado artificial. Hay que decir que en este caso, más que una restauración, se ha procedido en buena forma a una reconstrucción, pues parece salida la obra de la fábrica de Exin castillos. En cualquier caso, Javier ofrece una imagen muy propia del concepto que casi cualquier niño tiene de un cCabecera monasterio de Leyreastillo de cuento, con su foso, sus almenas, su torre del homenaje, y su inabordables murallas. Aquí nació San Francisco Javier, el santo patrón de Navarra que predicó en tierras japonesas, y responsable de las famosas peregrinaciones conocidas como "javieradas" que se celebran cada mes de marzo. Quizá lo más interesante de todo el conjunto sea la capilla del Santo Cristo, con una magnífica talla del siglo XIII, y una serie de pinturas que decoran las paredes y que representan la danza de la muerte. Tal muestra de inducción al dramatismo, genera en el visitante una extraña sensación que no se corresponde con la amabilidad que se respiraba en el exterior, y menos aún, con los complejos de hosteleria que han surgido en su entorno.

Ciertamente se respira una sensación de excesiva intervención del hombre en este patrimonio, y choca aún más cuando conozcamos el siguiente punto en nuesta ruta, el monasterio de San Salvador de Leyre. Levantado en las laderas de la sierra del mismo nombre, solamente el paraje donde se encuentra invita al recogimiento y al ascetismo. Desde la explanada de acceso se obtiene una magnífica vista del embalse de Yesa, la canal de Berdún, y las sierras del prepirineo. En el siglo VIII este lugar no pasó desapercibido para algunos santos varones, conociéndose de su existencia por una carta del monje cordobés Eulogio que pasó aquí una temporada en un viaje que habría de llevarle al centro de Europa:

"Estando yo en Pamplona y viviendo en el monasterio de Leyre, la curiosidad de saber hízome registrar todos los libros allí conservados. De improviso cayeron mis ojos en las páginas de un opúsculo sin nombre de autor, que contenía la siguiente historia acerca del nefando profeta: Nació el heresiarca Mahoma..."

En los siglos IX y X este monasterio fue uno de los más importantes de toda la Cristiandad, protegido como la joya de la corona por la Monarquía navarra. La adabía benedectina es uno de los mejores ejemplos del primer románico de Cluny en los reinos peninsulares, de una factura muy arcaica y pura, que afortunadamente ha llegado en perfectas condiciones hasta nuestras días. No debe perderse el viajero su magnífica cabecera de tres ábsides, o su esbelto pórtico occidental, denominada porta especiosa. Construída en el siglo XII, hubiera servido a los propósitos de Jean-Jacques Annaud para rodar los exteriores de "El nombre de la rosa".

El Abad que viajaba en el tiempo

Pero Leyre también es leyenda, como esa del abad Virila, hombre de tremenda santidad que permaneció en extasis escuchando a los pájaros durante 300 años, mientras que para él apenas habían pasado unas cuantas horas. Virila fue transportado por la elevación mística de la contemplación de Dios, en un lugar de una belleza infinita. Si tiene una hora de tiempo, no dude en tomar el camino que lleva a la fuente de San Virila, monte arriba. Seguramente no podrá evitar tener la misma sensación al escuchar el sonido de los pájaros.

Representa un conjunto soberbio presidido por la figura de Cristo Salvador, la vírgen, los apóstoles, y toda una serie de figuras mitológicas, motivos fitomórficos... Tan magnífica creación se debe fundamentalmente al Maestro Esteban, que fue autor también de la portada de las Platerías de Santiago de Compostela, aunque la portada es un conglomerado de diferentes aportaciones. En el interior admiraremos la sobriedad de sus tres naves de diversas anchuras, con una cabecera que al igual que la cripta inferior, da una sensación de arcaismo insondable que parece remontarse a la noche de los tiempos. La oscuridad reinante y la anchura de los muros encierran una sobriedad que llega al creyente de forma intensa y profunda, con un mensaje simbólico sobresaliente. La nave central está coronada por una cúpula que da testimonio del nuevo estilo, el gótico, y es una de las mejores de toda Navarra. Si tiene oportunidad, quédese y asista a uno de los oficios religiosos con canto gregoriano que no pueden encontrar mejor marco entre estos muros. En el lado norte de la nave, incrustados en el muro, se encuentran los sepulcros de los primeros reyes de Navarra, Iñigo Arista (850), García I Iñíguez (870) y Fortún Garcés "el Tuerto" (905), aquellos que dieron a esta abadía su mayor gloria y y potestad. Justo debajo de la cabecera se encuentra la cripta, una de las muestras más antiguas del Románico en España. Quizá lo más interesante de todo el conjunto, sean los gigantescos capiteles de una sola pieza que sujetan las columnas de la cripta: uno no deja de pensar en el enorme peso que están sosteniendo y el esfuerzo que hubo de emplearse para colocarlas. Pocas ocasiones como esta son más apropiadas para utilizar el dicho de todos conocido: "La Fe mueve montañas"...

Alfredo Orte Sánchez.

 

 

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